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Publicista, cantante, actriz. Estudiante de Enseñanza de la Música UCR

miércoles, 14 de julio de 2010

NO A LA DESERCIÓN ESCOLAR


Hay un aspecto que me inquieta bastante en estos tiempos. ¿Por qué los jóvenes actualmente no quieren asistir a la escuela? Tal vez reciben clases durante unos meses, pero al poco tiempo los encontramos azotando calles; buscando diversión en cada rincón. Para ellos es mejor estar con sus amigos platicando, escuchando música o pasando el rato, que recibir conocimiento.
¿A qué puede deberse esta situación? ¿Será que los profesores no están motivando correctamente a sus alumnos? ¿Será que en la familia no se les está inculcando el verdadero valor que tiene el aprendizaje para el futuro? Es algo en lo que debemos meditar y poner atención.
Muchos de esos jóvenes que abandonan la escuela lo hacen porque realmente no se sienten cómodos; para ellos no implica ningún placer el estar recibiendo y analizando información en su cabeza.

¿Por qué sucede esto?
Considero que muchas veces el ser calificado cuantitativamente implica presión para los estudiantes. El hecho de ser evaluado a veces se torna frustrante para ellos. El hecho de sacar una mala nota desalienta y en ocasiones hasta encoleriza al estudiante, más aún si se compara con los demás.
También hay que tomar en cuenta que al ser humano le es difícil seguir reglas, y la escuela está llena de ellas y en ocasiones se equivocan a la hora de aplicarlas: “No se permite usar aretes largos” “Prohibido usar el pelo largo en los hombres” “No se puede andar con las faldas afuera”, "Si no cumple con el reglamento se le hace una boleta”, etc.
Pero no toda la culpa de esta deserción escolar es por parte de lo antes mencionado; podemos afirmar que el papel del docente también tiene que ver con este asunto.
Muchos de los jóvenes afirman que no les gusta la escuela porque la sienten aburrida, y ¿Quién la torna aburrida? En su mayoría el maestro. Si el educador llega y habla sin parar, da la materia de manera magistral, lo natural es que el estudiante se desespere; los jóvenes por lo general necesitan acción, su área kinestésica necesita ser estimulada, entonces la labor del maestro es valerse de su creatividad para hacer una clase amena, donde los jóvenes se sientan en su charco, en un ambiente similar al que buscan fuera del salón de clase; no se trata de hacer un relajo ni nada por el estilo, pero sí lograr que la lección sea más alentadora para los estudiantes.
No podemos permitir que los jóvenes dejen de estudiar.También en la familia debemos buscar la manera de hacerlos entender, de hacerlos sentar cabeza y darse cuenta que en la escuela encontrarán las armas para defenderse en el futuro. Hay que enseñarlos a amar el estudio; hacerlos interesarse por el aprendizaje; lograr en ellos una sed de conocimiento. No es imposible, considero que es realizable.
La escuela es una hermosa experiencia que se debe motivar desde que el ser humano tiene uso de razón. Luchemos porque los niños y jóvenes realmente se enamoren de ella.

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