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Publicista, cantante, actriz. Estudiante de Enseñanza de la Música UCR

lunes, 12 de julio de 2010

TRABAJO EN CLASE



Nosotros, como futuros profesionales en el área de la educación, debemos estar preparados para enfrentarnos a un mundo complejo, lleno de incógnitas, retos, metas, adversidades, entre otros elementos que en ocasiones nos harán reír y en muchas otras querremos salir corriendo. Si no estamos dispuestos a este tipo de realidades, mejor es que cambiemos de carrera.
La educación no sólo implica transferir conocimiento, es mucho más que traspasar pensamientos y disertaciones de años de experiencia. Implica tener que conocer a fondo al que aprende, estar al tanto de su realidad, de su entorno, de su pasado, de su historia. Significa distribuir nuestro tiempo de una manera organizada, donde no sólo buscamos que nuestro alumno aprenda la materia, sino que éste quiera surgir y tenga deseos de avanzar hacia el mundo profesional.
Cuando empecemos nuestra profesión como educadores, seguramente tendremos bajo nuestra tutela a jóvenes con características, habilidades, aptitudes, personalidades, dificultades distintas. Es imposible que en una clase de treinta personas, el 95% se comporte de una manera similar. Por más “pequeño que sea el mundo”, como expresa esta frase, todos los seres humanos somos diferentes. Por esto es que no podemos tratar a nuestros alumnos de manera igual, debemos amoldarnos a su forma de ser y de pensar (educar exiige adaptarnos al cambio)
Habrán jóvenes a los cuales les cuesta hablar, son tímidos y no se atreven a dar su opinión, entonces a este tipo de personas no se les puede presionar, es un grave error obligar a una persona callada a que hable y opine y más aún es una pésima táctica recordarle a cada momento que es tímido, esto puede provocar heridas y resentimientos de él en contra de la escuela. En estos casos es mejor conocer sus aptitudes, sus aficiones y que ellos mismos traten, por su propia iniciativa, construir su conocimiento, este tipo de alumno podría sentirse muy bien trabajando en un aprendizaje por descubrimiento, donde tiene la libertad de investigar por sí sólo con la guía de su profesor.
Habrán otros alumnos que son todo lo contrario, son personas que les gusta llamar la atención, hacerse sentir en todo momento, son por lo general los “populares de la escuela”, a éstos es preferible ignorarlos en el buen sentido de la palabra, si no se les da demasiada pelota, ellos se darán cuenta y seguramente dejarán de actuar de esa manera; o podríamos aprovechar esa forma de ser que los hace diferentes, seguramente son personas creativas, porque siempre están sorprendiendo con sus ingeniosas salidas, así que podríamos valernos de su talento para su pedagogía. Me imagino que una clase al estilo tradicional, con un profesor dominante, para este tipo de estudiantes sería una pérdida de tiempo; esto es algo que el docente debe tomar en cuenta a la hora de conocer a sus alumnos: qué estrategia didáctica debe utilizar para cada caso.
Así como hay estudiantes tímidos o extrovertidos, también en el aula encontramos alumnos “cerebritos”, que en muchas escuelas son catalogados como los “nerdos”. Aunque deberían ser halagados y envidiados por sus compañeros, en muchos casos son rechazados por su condición de aplicados, son considerados los aburridos de la escuela, y por esto ellos mismos se hacen a un lado, su autoestima es baja y a la vez al ser tan inteligentes, se aburren durante las clases, porque sienten que la materia está muy fácil. ¿Cómo trabajar con este tipo de alumnos? No es tarea fácil, porque son personas tan inteligentes, que los mismos profesores consideran que no necesitan ayuda y por ende los dejan solos; grave error, ellos necesitan estímulo, apoyo, comprensión, éste es el tipo de alumno que pude colaborar en la zona de desarrollo próximo de la que nos habla Vigotsky; el docente puede aprovechar la condición de “genio” del alumno para que ayude a sus compañeros a quienes se les dificulta el conocimiento, esto podría convertirse en una motivación y así su autoestima podría subir.
Existen variedad de estilos de personalidad, de forma de ser, de pensar. Hay alumnos que prefieren estar solos y su trabajo es más efectivo de manera individual; hay otros que les cuesta concentrarse si están todo el tiempo sentados, escribiendo, escuchando a su profesor; necesitan un poco de acción, son de tipo kinestésico, son más efectivos trabajando fuera del salón, en actividades más activas y dinámicas, podríamos darle su gusto de vez en cuando. A otros estudiantes les gusta dibujar o trabajar con las manos, podemos darle por su lado en ocasiones que la materia lo amerite. El maestro debe ser inteligente, tiene que saber cómo equilibrar para poder complacer a todos por igual; tiene que tener ingenio para organizar actividades donde todos los alumnos salgan satisfechos.
Siempre he considerado la importancia de la psicología dentro de la pedagogía. Un maestro debería ser un psicólogo, pienso que ambas ciencias son el perfecto complemento. Un profesor debe aprender a conocer y enfrentar el comportamiento de sus estudiantes, para poder realizar su trabajo acorde con los fines de la educación.
En una escuela, como mencioné anteriormente, hay infinidad de carácteres, personalidades, actitudes, aptitudes, comportamientos, etc. Cómo vamos a pretender que todos los estudiantes vayan a reaccionar de la misma manera ante cualquier indicación, y menos aún cómo vamos a querer enseñarles de la misma forma; habrán algunos que aceptarán nuestro planteamiento pero muchos otros lo rechazarán.
Cada persona tiene una historia diferente en su vida, algunos alumnos han sufrido mucho en el ambiente familiar, han sufrido algún tipo de agresión, han experimentado algún tipo de abandono; otros viven en una suma pobreza, y esto es muy importante porque nos hace entender las actitudes y conductas de nuestros estudiantes. Cuántas veces hemos conocido casos de maestros que regañan severamente a su alumno porque no trajo la cuota para comprar tal material didáctico y resulta que el alumno está pasando por una situación económica difícil. A veces los profesores son injustos y esto no puede ser, el docente debe ser siempre justo y comprensivo ante este tipo de situaciones.
Necesitamos conocer a nuestros estudiantes, preguntarnos constantemente:
¿Por qué Juan se comporta de tal manera? ¿Qué pasará que Julia no está haciendo las tareas? ¿Por qué Esteban ha bajado tanto sus calificaciones? ¿Qué tendrá Alberto que me contesta de esa manera tan grosera? ¿Por qué Marta falta tanto a clases? ¿Por qué Alicia no quiere hablar cuando le pregunto algo? Si no nos interesamos en nuestros alumnos, entonces somos maestros mediocres, que estamos ahí sólo para transferir conocimiento y recibir remuneración, no estamos viendo la profesión con amor; porque educar significa amar, significa dar todo por lograr la felicidad de nosotros como docentes y de nuestros alumnos; significa lograr un ambiente agradable en el cual se desenvuelva el estudiante, enseñar exige alegría y esperanza.
Cada cabeza es un mundo, así como el mundo es complicado, también lo es tratar de resolver cada problema, es difícil tratar de entender cada forma de pensar y más aún es difícil complacer a todos. Pero no debemos quedarnos de brazos cruzados, siempre debe estar en nuestra lucha, entre nuestras metas, tratar que los estudiantes salgan satisfechos de este paso por la escuela, que les quede un lindo recuerdo de que su profesor siempre estuvo interesado en ayudarlo a avanzar, que no tenga la idea de un maestro autoritario, rígido, dominante que nunca me entendió.
Hay infinidad de personalidades, pero cada una necesita una atención especial. La pedagogía en nuestra mano debe lograr que entremos en cada mente y escuchar las inquietudes y entender el por qué del comportamiento de nuestros estudiantes. Sólo así podremos lograr que cada uno de ellos se sienta complacido y atendido para poder avanzar hacia su futuro.

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